
Un año ya ha transcurrido, y en nuestra mente aún están frescos aquellos maravillosos recuerdos de los años vividos en esta institución.
Hoy nos encontramos en una nueva etapa en nuestras vidas; pero seguimos siendo los mismos, mantenemos los mismos sueños y aspiraciones con la diferencia de que ahora trabajamos por hacerlos realidad, o como lo dijimos alguna vez, buscamos “Tratar de estar mejor”. Ahora que vemos las cosas desde afuera podemos notar y valorar los cambios, ya sea la nueva pintura, los nuevos salones o las nuevas y mejoradas carpetas que alguna vez nos encargamos de reparar. Es inevitable recordar las palomilladas, las “chapas” de los profesores, la rivalidad de los salones en las olimpiadas o el fraternalismo de las verbenas y las fiestas, los tediosos desfiles, las ferias de ciencia, las divertidas ginkanas o los “regalones” bingos y parrilladas. Puede ser que falten actividades pero bastan y sobran motivos para recordar y volver a vivir.
Algunas mañanas, muchos hemos despertado pensando en ir al colegio; y solo reaccionamos cuando el micro no va por la Avenida Larco, es gracioso todo este sentimiento de añoranza porque quizás extrañamos esas cosas a las que nunca hicimos mucho caso; pero que ahora al recordarlas, nos hace soltar una carcajada para ocultar una lágrima. Son tantos momentos llenos de todo un poco, experimentamos cosas y sentimientos propios de la edad, crecimos en estas aulas con gente con la que no nos unía ningún lazo de sangre pero existía una conexión especial; el amor, la amistad y la fraternidad, no sólo en nuestra promoción sino también en toda la comunidad ingenierista, desde la señorita Naty, los amigos de servicio, los señores del quiosco, los súper profes, todos nuestros demás compañeros de otros grados y también todo el personal jerárquico.
Ahora que leemos “Institución Educativa” hace que nos valoremos más a pesar de que ya no estudiamos aquí, porque sentimos que hemos puesto nuestro grano de arena y constituimos parte de un gran todo, parte del “Ingeniería”; quizás sea este sentimiento el que no nos permite apartarnos de este colegio; y que el hecho de haberlo dejado y no ingresar ya a las aulas nunca hizo ni hará que la mística ingenierista se pierda tanto en nosotros como en todo alumno egresado. Es nuestra alma máter y nos enorgullece decirlo, pero no son todas las paredes a las que queremos o el aire que respiramos estando allí el que extrañamos; es el corazón noble de los profesores que nos llenaron de enseñanzas, son los compañeros con los cuales tratamos de seguir adelante y cuyo “tratar de estar mejor” nos impulsó siempre a formar el indestructible “Deux et Bonum” para que juntos marquemos huella yendo por caminos no visitados sin perder de vista nuestros objetivos. Por la gente que nos ha guiado, acompañado, alentando, nos ha querido, y cada vez que nos ve volver nos saluda; podemos decir que ese cariño no se acabó al terminar el colegio.
Son todos los profesores que se convirtieron en nuestros maestros, cada uno tan especial... el más codiciado por todas las chicas, dueño de 1 o 2 millones y poseedor de un “irresistible” atractivo físico, quien se lucía en cada actuación e hizo que nos gustara la historia; por la fe en nosotros gracias profesor Víctor Sandoval. No podemos olvidar a quien nos llenó de números, cuya seriedad le daba una apariencia “temible”, pero aun así aprendimos bien matemáticas; gracias profesor Remigio Cortés. The English’s teachers con quienes pudimos hablar, cantar y bailar en inglés; thanks teachers Edwing Cortés, Julio Gutiérrez y Oscar Fernández. También están los profesores llenos de problemas, cuestiones físicas y químicas con nosotros, donde hubo un elemento que reaccionaba mal pero cuando había química se podía cantar, o cuando aparecía una fuerza de atracción se podía hacer chistes y contar historias que nos ayudarían; gracias por esa paciencia profesor Raúl Méndez, Elías Haro y Walter Silva.
Los profesores de Lenguaje, que ahora al verlos parecen el gordo y el flaco; pero que no sólo nos llenaron de gracia sino también de muchos conocimientos y eso nos permite tanto a nosotros como a ustedes poder escribir y leer el presente texto respectivamente; gracias por las clases de cultura general profesor Carlos Camacho y gracias por las divertidas clases de razonamiento verbal profesor Miguel Infantes. En esa misma línea está quien espera nuestras composiciones y que nos inició en el área literaria; el profesor Reynaldo Núñez Alberca a quien le agradecemos la oportunidad de dirigirnos a la comunidad ingenierista.
Los “monstruos” en computación también se merecen nuestro agradecimiento, en especial el profesor Marco Rosas quien nos enseñó en aquella época en la que no había lo que hoy hay; y también un agradecimiento al profesor Napoleón Benavides que tuvo la paciencia del Santo e interpretó brillantemente a Dino Bravo.
El profesor Saúl Barrantes es otro profesional importante en nuestra formación, esperamos no olvide nuestros debates de “actualidad económica y política” en donde también iban y venían bromas; gracias por eso Profe Saúl.
El profesor Simón Benites, a pesar que sólo lo conocimos un año, tiene por ganado el título de maestro, como olvidar sus reflexiones o sus espectaculares pasos de baile; creemos que la religión por primera vez tomó sentido para muchos, gracias por todo y en especial por la oportunidad de conocernos en “la rueda de la sinceridad”.
Ahora bien, que sería de una institución sin disciplina, en este aspecto se hizo presente un profesor de semblante serio, voz gruesa y que hizo del micrófono y el megáfono un objeto obsoleto ante su ímpetu militar; gracias Capitán Oswaldo Castañeda; quien tuvo a su lado, al menos en el último año al teniente Juan Delgado, otro estricto militar que nos enseñó a marchar; pero que a su vez, no tuvo reparo en jugar una “pichanguita” con nosotros, hacer la “chanchita” para la gaseosa después de los ensayos o enseñarnos algunos pasos de baile. El capitán Castañeda tienen ganado el cariño y el respeto de todos los que estuvieron y los que están, además de toda la comunidad educativa ingenierista.
Como no agradecer a un profesional ganador, quien nos dio la oportunidad de tocar la gloria y aprender de nuestros derrotas, a aquel que cultivó el arte en cada uno de nosotros, nuestro querido profesor Pedro Escobar.
La belleza y sabiduría también están presentes en nuestros recuerdos; la Miss Pilar y la Miss Rosario nos enseñaron lo maravilloso de la vida y compartieron como todos los profesores antes mencionados momentos de alegría y reflexión., pero las únicas que se robaron un suspiro de nosotros. A este grupo selecto de bellas maestras se les suma nuestra madre putativa, aquella que se jugó siempre por nosotros, nos corrigió con rigor y nos consoló con dulzura, aquella que nos jaloneó cuando debía hacerlo pero que mantuvo siempre los brazos abiertos para recibirnos; es la perfecta antitesis de seriedad y ternura, que fue y es una AMIGA que estará siempre en nuestros corazones, a ella le debemos mucho por lo que nos faltarán palabras, espacio y tiempo para agradecerle todo; gracias Miss Anita.
Debemos agradecer también al personal jerárquico dirigido por la Mg. Carmen Rosa Núñez de Acuña, en realidad cabeza principal de este maravilloso equipo, quien nos dió el gusto y el honor de ser alumnos Ingenieristas. Sabemos que nos faltan muchas más personas a las que tenemos que agradecer; pero es corto el espacio que tenemos, por ello y en general para todos, gracias totales.
A lo largo de estos años no sólo conocimos excelentes maestros, también conocemos personas maravillosas llamados amigos, aquellos con los que jugamos, crecimos y maduramos; con los que estuvimos juntos en los triunfos y derrotas; castigos y premiaciones; y es que amigos sólo los del colegio, por que nunca más volveremos a cargar una década y nos costará más, como dice una canción, dejar que nuestros sueños sean olas que se van libres como el viento en mitad del mar..., para darle paso a nuestro himno de despedida que resume nuestros sentimientos de nostalgia de lo vivido juntos y nuestra esperanza de que lo que hicimos fue porque quisimos estar de nuevo en nuestro querido colegio. Este himno lleva por título:
“Tratar de estar mejor”
Autor: Diego Torres
Cuenta esa vieja historia
Hoy nos encontramos en una nueva etapa en nuestras vidas; pero seguimos siendo los mismos, mantenemos los mismos sueños y aspiraciones con la diferencia de que ahora trabajamos por hacerlos realidad, o como lo dijimos alguna vez, buscamos “Tratar de estar mejor”. Ahora que vemos las cosas desde afuera podemos notar y valorar los cambios, ya sea la nueva pintura, los nuevos salones o las nuevas y mejoradas carpetas que alguna vez nos encargamos de reparar. Es inevitable recordar las palomilladas, las “chapas” de los profesores, la rivalidad de los salones en las olimpiadas o el fraternalismo de las verbenas y las fiestas, los tediosos desfiles, las ferias de ciencia, las divertidas ginkanas o los “regalones” bingos y parrilladas. Puede ser que falten actividades pero bastan y sobran motivos para recordar y volver a vivir.
Algunas mañanas, muchos hemos despertado pensando en ir al colegio; y solo reaccionamos cuando el micro no va por la Avenida Larco, es gracioso todo este sentimiento de añoranza porque quizás extrañamos esas cosas a las que nunca hicimos mucho caso; pero que ahora al recordarlas, nos hace soltar una carcajada para ocultar una lágrima. Son tantos momentos llenos de todo un poco, experimentamos cosas y sentimientos propios de la edad, crecimos en estas aulas con gente con la que no nos unía ningún lazo de sangre pero existía una conexión especial; el amor, la amistad y la fraternidad, no sólo en nuestra promoción sino también en toda la comunidad ingenierista, desde la señorita Naty, los amigos de servicio, los señores del quiosco, los súper profes, todos nuestros demás compañeros de otros grados y también todo el personal jerárquico.
Ahora que leemos “Institución Educativa” hace que nos valoremos más a pesar de que ya no estudiamos aquí, porque sentimos que hemos puesto nuestro grano de arena y constituimos parte de un gran todo, parte del “Ingeniería”; quizás sea este sentimiento el que no nos permite apartarnos de este colegio; y que el hecho de haberlo dejado y no ingresar ya a las aulas nunca hizo ni hará que la mística ingenierista se pierda tanto en nosotros como en todo alumno egresado. Es nuestra alma máter y nos enorgullece decirlo, pero no son todas las paredes a las que queremos o el aire que respiramos estando allí el que extrañamos; es el corazón noble de los profesores que nos llenaron de enseñanzas, son los compañeros con los cuales tratamos de seguir adelante y cuyo “tratar de estar mejor” nos impulsó siempre a formar el indestructible “Deux et Bonum” para que juntos marquemos huella yendo por caminos no visitados sin perder de vista nuestros objetivos. Por la gente que nos ha guiado, acompañado, alentando, nos ha querido, y cada vez que nos ve volver nos saluda; podemos decir que ese cariño no se acabó al terminar el colegio.
Son todos los profesores que se convirtieron en nuestros maestros, cada uno tan especial... el más codiciado por todas las chicas, dueño de 1 o 2 millones y poseedor de un “irresistible” atractivo físico, quien se lucía en cada actuación e hizo que nos gustara la historia; por la fe en nosotros gracias profesor Víctor Sandoval. No podemos olvidar a quien nos llenó de números, cuya seriedad le daba una apariencia “temible”, pero aun así aprendimos bien matemáticas; gracias profesor Remigio Cortés. The English’s teachers con quienes pudimos hablar, cantar y bailar en inglés; thanks teachers Edwing Cortés, Julio Gutiérrez y Oscar Fernández. También están los profesores llenos de problemas, cuestiones físicas y químicas con nosotros, donde hubo un elemento que reaccionaba mal pero cuando había química se podía cantar, o cuando aparecía una fuerza de atracción se podía hacer chistes y contar historias que nos ayudarían; gracias por esa paciencia profesor Raúl Méndez, Elías Haro y Walter Silva.
Los profesores de Lenguaje, que ahora al verlos parecen el gordo y el flaco; pero que no sólo nos llenaron de gracia sino también de muchos conocimientos y eso nos permite tanto a nosotros como a ustedes poder escribir y leer el presente texto respectivamente; gracias por las clases de cultura general profesor Carlos Camacho y gracias por las divertidas clases de razonamiento verbal profesor Miguel Infantes. En esa misma línea está quien espera nuestras composiciones y que nos inició en el área literaria; el profesor Reynaldo Núñez Alberca a quien le agradecemos la oportunidad de dirigirnos a la comunidad ingenierista.
Los “monstruos” en computación también se merecen nuestro agradecimiento, en especial el profesor Marco Rosas quien nos enseñó en aquella época en la que no había lo que hoy hay; y también un agradecimiento al profesor Napoleón Benavides que tuvo la paciencia del Santo e interpretó brillantemente a Dino Bravo.
El profesor Saúl Barrantes es otro profesional importante en nuestra formación, esperamos no olvide nuestros debates de “actualidad económica y política” en donde también iban y venían bromas; gracias por eso Profe Saúl.
El profesor Simón Benites, a pesar que sólo lo conocimos un año, tiene por ganado el título de maestro, como olvidar sus reflexiones o sus espectaculares pasos de baile; creemos que la religión por primera vez tomó sentido para muchos, gracias por todo y en especial por la oportunidad de conocernos en “la rueda de la sinceridad”.
Ahora bien, que sería de una institución sin disciplina, en este aspecto se hizo presente un profesor de semblante serio, voz gruesa y que hizo del micrófono y el megáfono un objeto obsoleto ante su ímpetu militar; gracias Capitán Oswaldo Castañeda; quien tuvo a su lado, al menos en el último año al teniente Juan Delgado, otro estricto militar que nos enseñó a marchar; pero que a su vez, no tuvo reparo en jugar una “pichanguita” con nosotros, hacer la “chanchita” para la gaseosa después de los ensayos o enseñarnos algunos pasos de baile. El capitán Castañeda tienen ganado el cariño y el respeto de todos los que estuvieron y los que están, además de toda la comunidad educativa ingenierista.
Como no agradecer a un profesional ganador, quien nos dio la oportunidad de tocar la gloria y aprender de nuestros derrotas, a aquel que cultivó el arte en cada uno de nosotros, nuestro querido profesor Pedro Escobar.
La belleza y sabiduría también están presentes en nuestros recuerdos; la Miss Pilar y la Miss Rosario nos enseñaron lo maravilloso de la vida y compartieron como todos los profesores antes mencionados momentos de alegría y reflexión., pero las únicas que se robaron un suspiro de nosotros. A este grupo selecto de bellas maestras se les suma nuestra madre putativa, aquella que se jugó siempre por nosotros, nos corrigió con rigor y nos consoló con dulzura, aquella que nos jaloneó cuando debía hacerlo pero que mantuvo siempre los brazos abiertos para recibirnos; es la perfecta antitesis de seriedad y ternura, que fue y es una AMIGA que estará siempre en nuestros corazones, a ella le debemos mucho por lo que nos faltarán palabras, espacio y tiempo para agradecerle todo; gracias Miss Anita.
Debemos agradecer también al personal jerárquico dirigido por la Mg. Carmen Rosa Núñez de Acuña, en realidad cabeza principal de este maravilloso equipo, quien nos dió el gusto y el honor de ser alumnos Ingenieristas. Sabemos que nos faltan muchas más personas a las que tenemos que agradecer; pero es corto el espacio que tenemos, por ello y en general para todos, gracias totales.
A lo largo de estos años no sólo conocimos excelentes maestros, también conocemos personas maravillosas llamados amigos, aquellos con los que jugamos, crecimos y maduramos; con los que estuvimos juntos en los triunfos y derrotas; castigos y premiaciones; y es que amigos sólo los del colegio, por que nunca más volveremos a cargar una década y nos costará más, como dice una canción, dejar que nuestros sueños sean olas que se van libres como el viento en mitad del mar..., para darle paso a nuestro himno de despedida que resume nuestros sentimientos de nostalgia de lo vivido juntos y nuestra esperanza de que lo que hicimos fue porque quisimos estar de nuevo en nuestro querido colegio. Este himno lleva por título:
“Tratar de estar mejor”
Autor: Diego Torres
Cuenta esa vieja historia que a pesar de toda algunas cosas quedan
los momentos vividos
recuerdos que van a quedar
en lo profundo del alma.
Nada puede hacerte olvidar
que anduvimos el mismo camino
y las cosas que hicimos
fue porque quisimos estar
de nuevo en este lugar.
A pesar de los errores
a pesar de los defectos y virtudes
guardo en mi los mejores
momentos que van a quedar
en lo profundo del alma.
Deja todo y no lo pienses mas
no se puede olvidar lo vivido
y tus seres queridos
te extrañan cuando ya no estas
no quieren llorarte.
Tantas veces tuvimos que estar separados
y sentir que a pesar de la distancia
sentimos lo mismo en cualquier momento.
No te compliques más
siempre hay una razón
Tratar de revivir.
Tratar de estar mejor.
Tratar de revivir.
Tratar de estar mejor.
Con el presente artículo pretendemos dejar constancia de que pasamos por aquí, pero nunca nos fuimos totalmente pues sigue siendo nuestro hogar, nuestro colegio.
Por ahora, sólo diremos a aquellos que aún gozan del privilegio de ser alumnos de este colegio, que aprovechen cada instante porque al salir las cosas no son iguales, al salir ya no estudian para pasar de año, sino, para conseguir sus sueños y tener la seguridad de que son los mejores.
A un año de aquí, y hablamos en nombre de nuestra promoción, nuestras vidas han cambiado para bien porque aprovechamos el tiempo, estamos orgullosos de haber egresado de aquí y haber contribuido con los triunfos y la historia del colegio. La historia la escribimos hoy, los que estuvimos y los que están, ahora más que nunca el colegio Ingeniería ya no es sólo una institución ganadora, hoy es un SENTIMIENTO en todos los que pasamos por sus aulas.
Claudia Morales y Martín Alache (Promoción 2004)
publicado en la Antorcha Ingeniersita Nº2- 2005
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